Me había acostumbrado a la vida errante. El desierto se había convertido en mi hogar, mi vida y mi lugar de refugio. No todo el tiempo fue así. En mis primeros días de esta estadía , yo resentía el haber sido tomada de lo familiar. Extrañaba la rutina de la esclavitud, y los sabores de las carnes de Egipto. Me hacían falta sus especias. Despúes de muchas conversaciones con el Señor en las cuales vociferé mi oposición, accedí a su voluntad y comenzé a aceptar mi nuevo hogar. Al observar con atención mi morada me dí cuenta que durante el día una columna de nube guiaba mi camino y de noche una columna de fuego; Exodo 13:21-22. Esto era emocionante pues podía verlo y parparlo. El estaba presente y yo era guiada por él. Era un gozo recoger maná a diario; Exodo 16:14-31. El Señor proveía agua constantemente. Al paso del tiempo cambié de carrera y me convertí en una pastora. ¿Quién lo hubíera dicho? Yo era protegida de todo mal, vigilada, provista de todo lo necesario, abrigada por las noches y dirigida durante el día. Pero muy pronto todo iva a cambiar.
Estoy en la frontera. A la vista está la tierra prometida. Llevo días pensando en este momento. Al principio, no sabía como iva a manejar otro cambio más. Analizé mi rescelo. Desde hoy, seré una guerrera. Pues voy a la batalla, para conquistar la tierra de leche y miel; Exodo 3:17. Yo he experimentado su provisión, su protección y su dirección. Eso es todo lo que necesito. Tengo la certeza que mi Dios estará conmigo. El me lo confirmó por medio de su palabra, "Esfúerzate y se valiente porque yo estoy contigo"; Josúe 1:9. Yo le creí. ¡Es tiempo! Es tiempo de entrar a la tierra prometida.
Copyright 09/2010
No comments:
Post a Comment